lunes 8 de febrero de 2010

Poesía




DESPECHO

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reido tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca


Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.


¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?


es un rastro extraño de mi risa loca.
¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reirme tanto...




Juana de Ibarbourou

Poesía Humorística

El cementerio de Momo


Yace aquí Blas... y se alegra
por no vivir con su suegra.

Agua destila la piedra,
agua está brotando el suelo...
¿Yace aquí algún aguador?
«No señor: un tabernero».

Yace aquí un mal matrimonio,
dos cuñadas, suegra y yerno...
no falta sino el demonio
para estar junto el infierno.

¡Cuñados en paz y juntos!...
no hay duda que están difuntos.

Aquí un médico reposa,
y al lado han puesto a la Muerte...
iban siempre de esta suerte.

Aquí yace una beata
que no habló mal de ninguna...
perdió la lengua en la cuna.

Aquí un hablador se halla...
y por vez primera calla.

Aquí yace una viuda,
que murió de pena aguda,
apenas hubo perdido
a su séptimo marido.

Aquí yace una soltera,
rica, hermosa, forastera,
que sordomuda nació...
¡Si la hubiera hallado yo!

Sub hoc tumulo... adelante;
que éste será algún pedante.

Don Juan de Az... pei... ti... gu... rrea...
Para el diablo que te lea.

¡Canónigo... de repente...
y morir en Noche Buena!
Se le indigestó la cena.

Una palma han colocado
en la tumba de Lucía...
Es que dátiles vendía.

Aquí yace un cortesano,
que se quebró la cintura
un día de besamano.

Aquí jaz o muy ilustre
Senhor Joan Mozinho Souza
Carvalho Silva da Andrada...
Sobra nombre o falta losa.

Aquí yacen cuatro socios,
que juntaron gran caudal:
un médico, un boticario,
un cura y un sacristán.

Aquí yace un contador
que jamás erró una cuenta...
a no ser a su favor.

Aquí Fray Diego reposa
y jamás hizo otra cosa.





A. Brasés


La palabra caracol
se forma de col y cara
porque el caracol se para
mucho de cara a la col.


Se adivina sin trabajo,
aceptando esta teoría
cómo se le llamaría
si se parase ante el ajo.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Mafalda

Mafalda es el nombre de una tira de prensa argentina desarrollada por el historietista Quino desde 19641973, la cual está protagonizada por la niña homónima, "espejo de la clase media latinoamericana y de la juventud progresista" que se muestra preocupada por la humanidad y la paz mundial, y se rebela contra el mundo legado por sus mayores.

Mafalda es muy popular en Latinoamérica en general, España, Italia, Grecia y Francia. Ha sido traducida a más de treinta idiomas.





















































































viernes 13 de noviembre de 2009

Cuento


Agua Hervida


Ella era pobre como una araña. Sólo le quedaba ese hijo de un amor también miserable. abandonada. su rostro continuaba en el espejo las resquebraduras de los golpes de la vida. Allí, a la orilla del río, en su rancho, solía juguetear largamente con su niño hasta que aparecían las primeras estrellas. Pero hoy el niño no jugaba. Estaba enfermo. "Habrá sido el pescado frito", se dijo la madre. De lo lejos venían sobre el agua voces confusas, acaso pescadores que desde sus canoas lanzaban redes, acaso fantasmas. Salió a la noche a juntar yuyos para el empacho. "Con un poquito de payco y de yerba del lucero se le pasará", pronosticó mientras sus manos buscaban entre las sombras aquellas hojas salvadoras.
Un fuerte olor a yerba hervida llenó el rancho. Dio de beber al niño en pequeños sorbos y puso todas sus esperanzas en aquel líquido oloroso con color de miel. Pero de nada sirvió, la noche se hizo dura con los quejidos del niño, con el aullido de los perros y los alaridos lejanos que venían del medio del río.
Ni bien amaneció, se fue al "Centro Asistencial" que estaba del otro lado de la Avenida, a unas diez cuadras de su rancho. Fue la primera en llegar. A los minutos apareció la enfermera, que abrió la puerta. Le dijo que se sentara. Le preguntó por el chico. "Debe ser un empacho no más", asintió casi doctoralmente. Habían aparecido más gentes. El dolor se hizo más grande en la sala. Lloriqueos, miradas lastimosas, ojos vidriosos de fiebre. "Los amaneceres del pobre", pensó el doctor al entrar y ver ese pequeño escenario de la enfermedad. Hacía apenas unos meses que se había recibido. Su juventud le permitía ser sentimental. Sus colegas más veteranos no le perdonaban esa inocencia. Atendió al hijo de la mujer del río. " Hagale unos enemas con agua hervida", le dijo pensando que esa mujer no tendría ni para comprar un "Uvasal". "un flor de empacho, nada más", agregó, para calmarla. "Los pobres también son sentimentales", se confesó para sus adentros al mirar tan de cerca aquel rostro de la madre.
Ya estaba por ser la una en el reloj de la pared. El doctor fumaba un cigarrillo, esperando que la flecha alcanzara la pequeña rayita negra, para irse. La enfermera acomodaba las jeringas, los estuches, todas las piezas de ese juego contra la muerte, cuando de pronto entró, el rostro convulsionado, con el niño en los brazos, la mujer del río. El niño parecía como achicharrado por adentro, con los bracitos y las piernas encorvados y el rostro desencajado en un dolor inaudito, como cristalizado: _"¡Doctor, doctor, se muere mi hijo!", gritó la mujer, desesperada. el doctor tomo al niño en sus brazos y comprendió en el acto toda la terrible tragedia, más cruel cuanto irónica. "Qué le ah hecho usted a la criatura", empezó a decir con rabia decreciente, a medida que comprendía la gravedad de su oficio, el malentendido de vivir, y que frente a la muerte no hay causas pequeñas. Ella respondió entre lágrimas que sólo había hecho lo que el doctor le ordenó", afirmó.
_"Le puse enemas de agua hervida", afirmó.
_"No -corrigió el doctor con una tristeza que había que escuchar, no leer- no, usted no le hizo enemas con agua hervida, sino con agua hirviendo". Afuera el sol estaba en el cenit y parecía que l vida entera, el mundo entero se había detenido.

Darwy Berty

jueves 12 de noviembre de 2009

Libro


El Libro del Fantasma


Alejandro Ricardo Dolina nació en Baigorria y se crió en Caseros, Provincia de Buenos Aires. Es escritor, músico, conductor de radio y de televisión. Sus estudios lo pasearon por el Derecho, la Música, las letras y la Historia. Es autor, además, de las comedias musicales “El Barrio del Ángel Gris” y “Teatro de Medianoche. Entre sus libros se destacan “Crónicas del Ángel Gris”, “El Bar del Infierno”, “El Libro del Fantasma”. Es este último libro, publicado por primera vez en el año 1999 por la editorial Colihue, con ilustraciones de Carlos Nine y reeditado en varias oportunidades, del cual me encargaré de comentar.

El Libro del Fantasma, cuyo titulo puede llegar a confundir a algunos lectores en búsqueda de textos exotéricos, esta integrado por varios relatos de temas diversos como el paso del tiempo, el honor, el amor, la amistad, e inventa una mitología centrada en personajes como el escritor ficticio Manuel Mandeb, el músico Ives Castagnino, el poeta Jorge Allen, quienes ya habían aparecido en su anterior libro, y un puñado de otros personajes nuevos que encontramos en esta obra.Los textos recopilados a pedido de esta modesta aparición han sido escritos en épocas diferentes. Algunos tienen más de veinte años. Los escritores suelen mentir que prefieren sus obras más recientes, acaso para producir sensación de progreso artístico.” A. D.

Un hombre con el corazón roto, una tarde de marzo se encuentra en la plaza de Devoto con el fantasma de un escritor que recibió una gran suma de dinero por escribir un libro que nunca llegó a escribir, gastó el dinero y murió. Entonces necesita que el hombre lo ayude, escribiendo el libro, para que él pueda al fin alcanzar la dicha eterna. El pobre hombre acepta escribir un libro, sobre cualquier tema, de 200 hojas a cambio de una flor que según el fantasma, enamora a cualquier mujer sobre la faz de la tierra. El libro tiene muchísimos relatos geniales, que son, supuestamente, lo que el hombre escribe para el fantasma. Personas idénticas a nosotros que viven del otro lado del espejo, condenados a vivir repitiendo los movimientos ajenos, que esperan para revelarse y poder ser libres, magos que no saben hacer magia, obras de teatro en las que no ocurre nada y en la oscuridad todo se deja a la imaginación del espectador, Murgas que se pasean por las calles porteñas y que si te les unís al baile nunca vas a poder dejar de bailar, carreras secretas entre personas que van caminando por la misma vereda, historias de fantasma en las calles de Buenos Aires y un montón de historias más que te hacen reír o pensar y todo con ese toquecito tradicionalista y familiar tan lindo que caracteriza a Dolina.


Dolina dice “el humor en mis obras es sal, se debe usar con cuidado” y es verdad, el humor “En el Libro del fantasma”, como en sus otras obras realzan el “sabor” de lo que expone en sus relatos, la nostalgia que no es una nostalgia de una pizzería que se cerro, sino que es mas profunda y terrible se hace mas llevadera y aceptada hasta con gracia por el lector. Todos sus relatos nos dejan un mensaje, reviven en nosotros recuerdos y esto es porque los personajes del libro no son muy lejanos a nosotros, chantas, vagos, soñadores, refutadotes, casi un calco del argentino.

La obra que nos presenta Dolina, no es de difícil lectura, es llevadera y grata. Realmente es una obra que no debe faltar en las bibliotecas.

Eduardo Galeano, periodista y escritor Uruguayo


Para mayores de 30

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían v olver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambia n por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

viernes 23 de octubre de 2009

Juana Molina




Juana Molina empezó en 1988, como actriz en el programa "La Noticia Rebelde". En octubre del mismo año, empezó a trabajar en el programa de Antonio Gasalla. Luego se independizó con "Juana y sus Hermanas".

En 1996 debutó discográficamente con "Rara", aunque previamente se había lanzado una recopilación de canciones grabadas para su programa de TV.

Luego se radicó en Los Angeles, de donde volvió recién en el 2001. En un estudio de grabación casero, recurrió a los teclados, la guitarra, su voz y una computadora para la creación de su disco "Segundo".
La propia Juana explicaba ese proceso de creación:
"Cuando tengo una pequeña idea, antes de tocarla aunque sea una vez, pongo en marcha el grabador. Porque siempre sé que va a haber una cosa que va a ser un error, porque no sé muy bien adónde ir y porque no sé muy bien cómo volver: y estoy segura que con todo eso se va a armar algo que me va a gustar. Y después trato de hacer que eso tenga una letra que le vaya a esa melodía, y que se enganche armónicamente con esto y con aquello.
Pero prefiero que quede esa primera huella, que al final es la que brilla en el tema".

A fines del año 2002 dio a luz a su tercer disco "Tres Cosas".

En el 2006 presentó "Son".


martes 20 de octubre de 2009

Calle Melancolía - Joaquín Sabina

lunes 19 de octubre de 2009

Olegario V. Andrade





EL ASTRO ERRANTE

Yo era el astro que erraba en el espacio
Al azar de los vientos de la vida,
Y tú fuiste la estrella misteriosa
Que me brindó su lumbre bendecida.

Sin ti, la eterna noche me rodeara
Como al astro maldito del vacío,
Y mi vida sin ti se consumiera
En perpetuo y estéril desvarío.

Tú me diste la fe que me faltaba,
Me calentó la luz de tu mirada,
¡Y esa luz, que me envidian los extraños,
Es la luz de tu amor, es luz prestada!


EL CONSEJO MATERNAL
(Olegario Víctor Andrade)

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día.
(Aún parece que escucho en el ambiente
de su voz la dulce melodía)
- Ven y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas
como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas;
¿no sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes?
ven acá pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada le dije.
- La causa de mis lagrimas ignoro,
¡ pero de vez en cuando se me oprime
el corazón y lloro !..........
Ella inclinó la frente pensativa,
se turbó su pupila,
y enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:
- Llama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas;
y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada,
¡ y entonces siento que se me ensancha el alma !

Olegario Victor Andrade

domingo 18 de octubre de 2009

Dia de las Madres

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Dia de las Madres

MADRE MIA

Madre, madre, tu me besas,
pero yo te beso mas.
Como el agua en los cristales,
caen mis besos en tu faz...
Te he besado tanto, tanto
que de mí cubierta estás
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear:
Cuando tú, a tu hijito escondes
no se le oye el respirar...
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y que lindo niño veo
a tus ojos asomar...
el estanque copia todo
lo que tu mirando estás;
Pero tú en los ojos copias
a tu niño y nada más.
Los ojitos que me diste
yo los tengo que gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar...


CARICIAS


Madrecita mia,
madrecita tierna,
dejame decirte
dulzuras extremas.

Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo
deja revolverlo
sobre tu regazo..

Juega tu a ser hoja
y yo a ser rocio,
y en tus brazos locos
tenme suspendido..

Madrecita mia,
todito mi mundo,
dejame decirte
los cariños sumos...


Gabriela Mistral

martes 13 de octubre de 2009

Evaristo Carriego


1883-1912


Tu secreto


¡De todo te olvidas! Anoche dejaste

aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.

Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:

a nadie interesa saber que me nombras.

...Ven, llévate el libro, distraída llena
de luz y de ensueño. Romántica loca...
¡Dejar tus amores ahí,
sobre el piano!
...De todo te olvidas
¡cabeza de novia!.




La silla que ahora nadie ocupa

Con la vista clavada sobre la copa
se halla abstraído el padre desde hace rato:
pocos momentos hace rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.

De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguna que otra mirada
hasta la vieja silla desocupa
da
que alguien, de olvidadizo, colocó en frente.

Y, mientras se ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como e
mpujado

por esa idea fija que no se va,
el menor de los chicos ha preguntado
cuándo será el regreso de la mamá.





lunes 12 de octubre de 2009

12 de Octubre



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Tonolec
Biografia: Tonolec es un dúo originario de Resistencia Chaco (Argentina) integrado por la cantante Charo Bogarín y el músico Diego Pérez, ambos compositores que reafirmaron su labor musical, abordando la fusión de los géneros electrónicos y étnico desde un lugar legítimo. Estos jóvenes artistas se dedicaron a investigar la cultura toba desde adentro, intercambiando experiencias musicales con las comunidades tobas originarias del norte argentino y trabajando exhaustivamente en la mixtura de los cantos populares tobas con la electrónica. Parte de su trabajo se basó en las rondas de canto de canto y de baile del coro de mujeres y hombres tobas "Chelaalapi" (Bandada de zorzales). Las canciones tradicionales que aprendieron les fueron transmitidas oralmente por los ancianos de esa comunidad, más allá de todo el material histórico que lograron recopilar. También realizaron experiencias junto a la comunidad toba de Derqui, provincia de Buenos Aires. De allí nace Tonolec, caracterizado por la voz poderosa e intimista de Charo y las refinadas composiciones de Diego. Ambos son autores y plasman en su obra canciones propias en lengua castellana y en lengua toba, con el interesante aditivo de versiones de cantos tradicionales de la etnia qom (toba). De vuelta a Argentina y con inquietudes respecto de la identidad musical como compositores, el dúo decidió cambiar el rumbo del trabajo que venía haciendo. El principal objetivo fue entonces crear música con identidad, volviendo a las raíces más profundas y mirando con más detenimiento al medio en donde fueron criados. El trabajo con las comunidades tobas es el leit motive de la obra de Tonolec, que al final del camino recorrido nos ofrece: una voz femenina entretejiendo diálogos diversos con la naturaleza, delicadas mixturas entre sonidos acústicos y coros indígenas procesados. Y finalmente la comunión de todos estos elementos dando la conformación de paisajes diversos por los cuales es posible imaginar el tránsito de los primeros hombres sobre nuestro suelo. Fuente: www.tonolec.com.ar



domingo 11 de octubre de 2009

Édith Piaf



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Édith Piaf (París, 19 de diciembre de 1915 - Plascassier (Grasse, Alpes Marítimos), 10 de octubre de 1963), cuyo verdadero nombre era Édith Giovanna Gassion, fue una de las cantantes francesas más célebres. Sus restos fueron llevados a París, lugar en que se anunció oficialmente su muerte el 11 de octubre de 1963.

Poesía

joaquin sabina

joaquin sabina La legión extranjera

No es lo mismo el ejército que la gente,
aunque, quien más quien menos, todos mataron
al rojo, al facha, al primo de los de enfrente,
fue más cruel el terror de los que ganaron.

Declararon rebelde lo más decente,
purgaron a los tibios y fusilaron
al pedagogo, al ácrata, al inocente
que defendió las leyes que profanaron.

Tantos años después siguen discutiendo
quién era el malo, el bueno, el noble, el tirano,
el Judas, el Caifás, el samaritano
quién pierde cuando gana y gana perdiendo.

Los hijos y los nietos de la sangría
hartos de tanto valle de los caídos
en vez de odiar soñamos que llegue el día
de rescatar la honra contra el olvido.

Se pide la memoria, no la venganza,
la historia, no el garrote para el impune,
aquí no hay más Quijote que Sancho Panza,
y quedan demasiadas fosas comunes.

Poema: Fosas comunes
Año: 2009, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Cuento



El almohadón de plumas

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

—¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio... poco hay que hacer...

—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados dél hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

—¿Qué hay?—murmuró con la voz ronca.

—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: —sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de plumas.

lunes 5 de octubre de 2009

Icono Argentino

video

Mercedes Sosa

1935 - 2009


Argentina de Luto




sábado 29 de agosto de 2009



Instrucciones para dar cuerda al reloj



Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Atelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.




Julio Cortázar





Instrucciones para llorar



Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Julio Cortázar

lunes 27 de julio de 2009

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.




Alfonsina Storni

lunes 20 de julio de 2009

Día del amigo

POEMA DE LOS AMIGOS

Autor: C. Elizalde-J. Casarín.
Poemas de Paco Stanley



A los amigos se les cuenta
como a los dedos de las manos
uno por uno va la cuenta
y nunca más de diez pasamos.
A los amigos por amigos
en todo trance contamos
por eso amigos más que amigos
se les percibe como hermanos.

A los amigos en sus pasos
no se les juzgan sus defectos
se les consuela en sus fracasos
y se comparten sus aciertos.

A los amigos se les quiere
sólo por ser nuestros amigos
cuando no cuenta lo que tiene
o lo que tuvo y ha perdido.

A los amigos les debemos
parte importante de la vida
pues nos afianzan sus afectos
cuando amenaza la caída.

A los amigos por amigos
saberse solo no hace falta
no es necesario ni decirlo
ellos lo saben y eso basta.

A los amigos en sus pasos
no se les juzgan sus defectos
se les consuela en sus fracasos
y se comparten sus aciertos.

Por los amigos mis amigos

Porque un amigo es una gracia

Por ser mi amigo fiel, amigo
sólo por eso, amigo, gracias
sólo por eso, amigo, gracias.

sábado 18 de julio de 2009

20 de Julio Día del Amigo


Creo En Tí Amigo



Creo en tí amigo:

Si tu sonrisa es como un rayo de luz

que alegra mi existencia.

Creo en ti amigo:

Si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.

Creo en ti amigo:

Si compartes mis lágrimas ysabes llorar con los que lloran.

Creo en ti amigo:

Si tu mano está abierta para dar y

tu voluntad es generosa para ayudar.

Creo en ti amigo:

Si tus palabras son sinceras y

expresan lo que siente tu corazón.

Creo en ti amigo:

Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y

me defiendes cuando me calumnian.

Creo en ti amigo:

Si tienes valor para corregirme amablemente.

Creo en ti amigo:

Si sabes orar por mí,

y brindarme buen ejemplo.

Creo en ti amigo:

Si tu amistad me lleva a amar más a Dios

y a tratar mejor a los demás.

Creo en tí amigo:

Si no te avergüenzas de ser mi amigo

en las horas tristes y amargas.

jueves 16 de julio de 2009

Leyenda


Las Aguas del Bermejo



Hubo un tiempo en que las aguas del Bermejo fueron claras como las de sus vecinos, los ríos Pilcomayo y Uruguay. Un tiempo en que a sus orillas no se asomaban, como hoy, las casas de los pueblos formoseños, ni eran surcadas por las embarcaciones de los argentinos descendientes de europeos. Las tierras que recorría el Bermejo eran disputadas por dos tribus enemigas: los tobas y los matacos. Unos y otros atrapaban los peces de su cauce, se sumergían en su frescura en las tardes calurosas, deslizaban las canoas por su corriente y se sentaban a sus orillas en las noches de luna.
La mayor afrenta que sufrieron los tobas durante esa larga guerra fue la captura de la hija del cacique, una joven hermosa y decidida, que pasó de vivir en sus chozas a las de los matacos. Aunque extrañaba a los suyos, poco a poco sus captores se le hicieron menos extraños, sobre todo desde que conoció al hijo del cacique y comenzaron a pasar largas horas juntos. Se enamoraron mientras conversaban a la sombra de un urunday, mientras nadaban en el río, mientras caminaban en silencio siguiendo al ciervo de los pantanos... Pero sus relaciones eran imperdonables. La unión entre una toba y un mataco estaba prohibida por los hombres y maldita por los dioses. Cuando el consejo de la tribu dio órdenes estrictas para prohibir los encuentros entre los jóvenes, ellos establecieron citas secretas y se amaron más todavía a la sombra de su sigilo.
Sin embargo, no estuvieron a salvo de las habladurías, de los comentarios a media voz que deslizaban las viejas cuando se sentaban en rueda a tejer su yicas (bolsas tejidas con fibras vegetales) y a moler las semillas del algarrobo. Tampoco de las miradas de alguno que los había sorprendido al entrar en el monte tras un armadillo fugitivo o para recoger los frutos del jume.
Y llegó el día en que, reunido nuevamente el consejo de la tribu, debieron comparecer ante él. Los jefes, que ya habían deliberado, los miraban en silencio. Los corazones de los jóvenes se aceleraron ante esos rostros severos e imperturbables. El cacique habló con voz suave y firme. Era preciso que todos respetaran las tradiciones de la tribu, con más razón tratándose del heredero de la autoridad: se les exigía la separación inmediata y definitiva.
Ante la decidida oposición de los jóvenes príncipes, que se sabían unidos por los lazos indestructibles urdido por palabras, miradas y gestos recientemente descubiertos, alma con alma y cuerpo con cuerpo, el consejo emitió el fallo final: los amantes serían sacrificados, se les arrancarían los corazones y éstos serían arrojados al río, como lección y advertencia para quienes se atrevieran a contrariar las leyes de los hombres y las disposiciones divinas.
El sol del mediodía brillaba en lo alto del cielo mientras la tribu se reunía pra presenciar la ejecución. Si algo de viento agitó las ramas de los arbustos, si las cigarras cantaban su canción filosa y monocorde, si el río dejó oír su rumor, nadie lo supo cuando los jóvenes fueron llevados a lo alto del barranco y muertos por el haiawú (hechicero de la tribu), cuando el agua aceptó sus corazones sangrantes y se tiñó de rojo para siempre.
Cumplido el sacrificio, a los pocos días, la gente se acercó al barranco por un rumor: los corazones no habían sido arrastrados por la corriente; flotaban juntos exactamente en el mismo lugar en el que habían caído.
¿Era acaso que los dioses no estaban conformes con el fallo? ¿Sobrevendrían entonces pestes, sequías y escasez? Los jefes acordaron sacar los corazones del agua y convertirlos en cenizas, para que que no quedara rastro de ese amor que había desconocido la tradición.
Todos los matacos formaron la gran pira, no hubo nadie que contrariara a los dioses. Los corazones ardían al compás de los pimpines (tambor mataco), abrasados por el fuego que, cada vez más alto, ahuyentaba los mosquitos e iluminaba los cuerpos de los bailarines.
Días después, cuando un enviado volvió al lugar para comprobar que las cenizas hubieran sido dispersadas por el viento, vio con asombro cercano al terror que donde estuviera la pira había crecido un arbolito desconocido. Entre sus verdes hojas mostraba dos únicas flores rojas, una al lado de la otra, en forma de corazón.
A la sombra del letanetá, como llamaron los matacos a la nueva planta, y mecida por las aguas del río que encontró su nombre, nació entonces la amistad entre los tobas y matacos, que todavía luchan en el monte para sobrevivir.

miércoles 15 de julio de 2009

Para que te quedes

Para que te quedes siempre a mi lado

todos mis recursos por tí gastaría;

todas las bondades de mi corazón

asegurado tienes para tí mi amor,

y todo lo que ayer dormía,

sueños, desgano y aquel desamor

para no perderte yo resistiría

las negras rutinas que azota el amor.

Contemplar juntos la noche estrellada,

y caminar juntos tomados de la mano

y reirnos como locos de nosotros

y el recuerdo de nuestras aventuras

complices d aquellos momentos

que la brisa fría rozó nuestras caras.

Para que estés siempre a mi lado

y no perderme el despertar contigo

y sentir tu calor en mis mañanas

yo sería capaz de transformarme

en la luz que tu noche necesita.

Porque en vano sería la manta,

si cerraras la puerta para irte,

el temblor de mi cuerpo ya sin tí

la auusencia de tu cuerpo en mi cama

y el despertar de mis sueños solitarios

¿De qué me serviría tus recuerdos,

la canción y la alianza que nos une

si sola y triste en éste otoño frio

se fue el amor de ruido compartido?



Mirta Ortíz

sábado 11 de julio de 2009

Al rescate de un poema atribuido a Borges

Al rescate de un poema atribuido a Borges

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Poesía

Aquí. Hoy

Ya somos el olvido que seremos.


El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y del término, la caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre;

pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo

esta meditación es un consuelo.



Jorge Luís Borges

miércoles 8 de julio de 2009

9 de julio

Día de la Independencia Argentina






Borges era profundamente argentino, con un sentimiento de patria arraigado y genuino. Se sentía orgulloso de sus ancestros que habían participado en las guerras de la Independencia, amaba a su país.


ODA ESCRITA EN 1966
Jorge Luís Borges
Nadie es la patria.
Ni siquiera el jinete que,
alto en el alba
de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce
por el tiempo, ni los otros
que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria.
Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria.
Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas,
de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.
La patria, amigos,
es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo.
(Si el Eterno espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago,
Su olvido.)
Nadie es la patria,
pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban,
argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.
Nadie es la patria,
pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro,
incesante,
ese límpido fuego misterioso.



martes 7 de julio de 2009

Soneto








I]
El pobre niño rico, el viejo loco,
el negro blanco, el calvo cincuentón
con peluca de Barbie y pantalón
de húsar nunca se limpió los mocos.

Ni debajo ni lejos de los focos
quiso seguir creciendo el rey del pop,
disfrazado de Bambi o Robocop,
chavales, a dormir, que viene el coco.

Fugitivo de Harlem y del gueto,
tanto talento y tan escasas luces,
su voz le puso swing al siglo veinte.

con su exhibicionismo glam paleto
cubierto de medallas, deudas, cruces,
en Thriller ya bordó el muerto viviente.


II]
Los padres de los hijos que amó tanto,
las madres de alquiler que lo chulean,
saben que no era un criminal ni un santo
condenado a bailar con la más fea.

Lo más libre que tuvo fue su canto,
su grito de gallito de pelea,
a la hora de la póstuma marea
no nos une el amor sino el espanto.

Con sus tres churumbeles tan probetano
echó un polvo que no fuera de talco
la ON punto G de Peter Pan.

Walk on the moon con guante en la bragueta,
con burka, purpurina y catafalco,
el circo americano, Neverland.





Poema: Sonetos para Jacko
Año: 2009,Interviu
Letra: Joaquín Sabina

lunes 6 de julio de 2009

Mito Griego




Narciso



Narciso era un tespio, hijo de la ninfa azul Liríope, a quien en una ocasión habia gozado el dios-río Cefiso. El adivino Tiresias le dijo a Liríope, la primera persona en consultar con él:

_ Narciso llegará a ser muy viejo, mientras no se conozca a sí mismo.

Cualquiera podría haberse enamorado comprensiblemente de Narciso, incluso cuando era niño, y al alcanzar los dieciséis años de edad, su camino estaba cubierto de amantes de ambos sexos que habían sido cruelmente rechazados; pues se sentía obstinadamente orgulloso de su propia belleza.

Entre éstos se encontraba la ninfa Eco, la cual ya no podía utilizar su voz, excepto para repetir tontamente la de otra persona: un castigo por haber entretenido a Hera con largas historias mientras las concubinas de Zeus hacían su escapatoria. Un día en que Narciso salió a cazar ciervos con una red, Eco le siguio a hurtadillas, anhelando poder dirigirse a él, pero incapaz de ser la primera en hablar. Por fin Narciso, al descubrir que se había alejado de sus compañeros, gritó:

_ ¿Hay alguien aquí?

_ ¡Aquí! _respondio Eco, cosa que sorprendió a Narciso, pues no veía a nadie.

_ ¡Ven!

_ ¡Ven!

_ ¿Por qué huyes de mí?

_ ¿Por qué huyes de mí?

_ ¡Reunámonos aquí!

_ ¡Reunámonos aquí! _repitió Eco, y, saliendo de su escondite, corrió a abrazar a Narciso. Pero él la apartó bruscamente, y se marchó corriendo.

_ ¡Moriré antes de que tú puedas yacer conmigo! _exclamó.

_ ¡Yace conmigo! _suplicó Eco.

Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida languideciendo de amor y humillación, hasta que sólo quedó su voz.

Un día Narciso envió una espada a Aminias, si más porfiado pretendiente.aminias se mató en el umbral de la casa de Narciso, invocando a los dioses para que vengaran su muerte. Ártemis escuchó la plegaria. En Donacón, lugar de Tespia, Narciso llegó a una fuente, clara como la plata, y cuando se dejó caer, agotado, sobre la hierba del borde para saciar su sed, se enamoró de su reflejo, y se quedó mirando el agua embelesado. ¿Cómo podía soportar poseer y al mismo tiempo no poseer?

Aunque no había perdonado a Narciso, Eco sintío lástima por él; y cuando se clavó el puñal en el pecho repitió compasivamente: "¡Ay de mí, ay de mí!", y también sus palabras sus últimas palabras: "¡Oh joven, amado en vano, adiós!" mientras expiraba. Su sangre bañó la tierra, y de ella brotó la flor blanca del Narciso con su corola roja.

domingo 5 de julio de 2009

Poesía



La cogida y la muerte


A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!


...oooOOOooo...


Federico García Lorca

sábado 4 de julio de 2009

Poesía


Circulo sin Centro




Esponja del cielo

carne verde del mar,

por tus carriles blandos

hube de andar.

Hacia adelante se partían

los caminos para no caminar;

a los costados se abrían

las carreteras para caminar;

y hacia atrás se dirigían

las rutas para desandar.

Largas noches y días

una proa te cortó sin parar

y tu centro no cambiaba nunca,

circulo verde del mar.


Sobre tu esmeralda fría

mi carne no quería quemar

mi corazón se volvía

verde como la carne del mar.


Le decía a mi cuerpo: ¡renace!

A mi corazón: ¡No te quieras parar!

Mi cuerpo quería hechar raices,

raices verdes en la carne del mar.

El barco que me conducía

no sabía más que zarpar,

pero el cuerpo que me contenía
se quedó estático en el mar

Círculos circulaban arriba y subían

del fondo del mar,

peces levantaban las testas

y se ponían aullar


Mundo de Siete Pozos

Alfonsina Storni


Música







De todas las versiones que escuché de este tema, la de Liliana Herrero es la mejor.Cada vez que lo escucho me vuelvo a emocionar.

viernes 3 de julio de 2009

Fotos


Hechizo de Amor




Hace mucho tiempo, en una isla muy lejana, radicaba El Comendador Antonio, era egoísta, caprichoso y malvado, era tan malvado que un hechizo a una bruja encargó, consistía en que todas las doncellas de la isla, de él se enamoraran.
Rosaura, una jovencita simpática, humilde, se encontraba perdidamente enamorada del Señor. Todas las tardes vestía con el más elegante y precioso vestido que su madre, con mucho amor, lo elaboraba, Rosaura pasaba horas y horas acomodando su larga cabellera y peinetón.
Finalmente salía de su casa, dirigiéndose a los jardines del Comendador para recoger las más hermosas y alagadas rosas, y así, adornar su habitación.
Una tarde de Enero, la doncella se encontraba en su cuarto, encerrada entre cuatro paredes, añorando los pétalos de rosas de los jardines de su Señor. Decidió levantarse y, marchó para ver a su gran amor.
En los balcones del palacio, se encontraba Antonio, dirigiendo la mirada hacia su jardín. Allí, entre los rosales, la vio, pues ambos se miraron, Rosaura bajó la mirada, y con un lagrimón sobre su rostro, marchó camino a su casa.
El Señor Comendador no entendiendo la situación, miró a la joven marchando, hasta que su figura desapareció, sólo guardo en su corazón aquel rostro que tanto anheló
Pasaron los meses y nada se supo de los dos. Una tarde de Septiembre, ambos se cruzaron y sus miradas entrelazaron, sus pasos aumentaron y frente a frente se encontraron.
Ella, mirándolo fijamente a los ojos exclamó:
-Porqué es tan cruel mi señor, usted no sabe como sufro por su amor, por favor téngame compasión.
Tomando de su mano el Comendador respondió:
-Yo ya tengo un amor, le pido perdón, aléjese de mí.
Rosaura con lágrimas sobre sus mejillas añadió:
-No me dejes ir mi señor, tiene que entender que lo amo como nunca nadie lo amó.
Muy enfadado Antonio respondió:
-Pues vete, cuantas veces te lo tengo que decir.
-Pues me iré lejos, para matar este amor que me mata, este amor que me condena… o tendré que matarlo para acabar con el hechizo. Pero lo amo demasiado como para matarlo, mejor me marcharé, el tiempo curará las heridas de tu amor. Tristemente exclamó la doncella.
Antonio muy pensativo y angustiado contestó:
-El tiempo, mi doncella, no cura las heridas de amor, solo disimula un gran dolor.
-Pues me iré lejos, en busca de otro amor, que sepa amar como yo.
Antonio tomando su caballo contestó:
-Haz lo que tu corazón diga, pero no lo que ordena, doncella de mi corazón.
Ella partió, dejando sin querer el hechizo por cumplir. Pues el comendador, sin que nadie lo alabase, comenzó a extrañar aquella alma que dejó partir, sin siquiera darle una oportunidad de amar. Pero al fin y al cabo, ella cumplió con su deseo, ya que el señor Comendador murió de amor por ella, sin saber ésta que lo había matado y aquello que creyó amar, el nuevo amor la fue abandonando.
Cuando Rosaura se enteró que su eterno amor había marchado, tiempo después ella murió para estar a su lado.

Autora: Johana Marcela Ferreyra

jueves 2 de julio de 2009

Música




CONFESIONES DEL VIENTO


Canción


Letra deRoberto Yacomuzzi


Música deJuan Falú


El viento me confió cosas
que siempre llevo conmigo,
me dijo que recordaba
un barrilete y tres niños,
que el sauce estaba muy débil,
que en realidad él no quiso,
que fue uno de esos días
que todo es un estropicio.
Me dijo que los pichones
a veces de apresurados
caen al suelo indefensos
y él no consigue evitarlo.
Me habló de arenas de agosto,
de cartas de enamorados,
del humo en las chimeneas,
del fuego abrazando el árbol.
Iba quebrado de culpas
y seguía confesando.
En su lomo de distancias
no cabalgaba ni un pájaro.
Era un fantasma ese viento,
un alma en pena penando
y en ese telar de angustias
tejió sus babas el diablo.
Me dijo que recordaba
que en realidad él no quiso.
un barrilete y dos niños.
Me habló de arenas al cielo
y chimeneas al piso,
de cartas de enamorados,
que todo es un estropicio.
Era un fantasma ese viento,
tejió sus babas el diablo,
iba quebrado de culpas
y no consigue evitarlo.
En ese telar de angustias
el fuego abrazando el árbol,
el sauce estaba muy débil
y seguía confesando.
Le pregunté por las chapas
del techo de los de abajodijo:
“el hombre ha de luchar
para conseguir los clavos
en vez de hincarse a rezar
para olvidar sus quebrantos
o de sentarse a esperar
regalos eleccionarios”.
Me sorprendió la respuesta
pero no quise atajarlo,
pues cuando lleva razón
vaya, ¡quién quiere pararlo!
El viento me confió cosas
que siempre llevo conmigo,
que siempre llevo conmigo.